agosto 12, 2026
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Estrategias de Secuestro de Carbono en Pastizales de la Ganadería Tradicional Gallega: Contribución a la Mitigación Climática y Producción Sostenible de Ternera de Pastoreo Libre

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El papel de los pastizales gallegos en la mitigación del cambio climático

La ganadería tradicional gallega, basada en el pastoreo de razas autóctonas como la Rubia Gallega, la Cachena o la Caldelá, no solo produce una carne de calidad excepcional, sino que también puede convertirse en una herramienta clave para combatir el cambio climático. Los pastizales permanentes que cubren buena parte del paisaje atlántico de Galicia actúan como auténticos sumideros de carbono, capaces de retirar CO₂ de la atmósfera y almacenarlo en el suelo durante largos periodos de tiempo. Comprender cómo potenciar este secuestro de carbono a través de prácticas de manejo adecuadas es esencial para alinear la producción de ternera de pastoreo con los objetivos de neutralidad climática.

A diferencia de los sistemas intensivos desligados del territorio, donde la huella de carbono está dominada por las importaciones de piensos y el manejo de purines, la ganadería extensiva de base territorial puede compensar una parte significativa de sus emisiones. Estudios realizados en otros sistemas montañosos de la península, como la Sierra de Guadarrama, demuestran que el pastoreo controlado favorece una mayor concentración de carbono orgánico en el suelo en comparación con áreas abandonadas. Esta evidencia respalda la idea de que la actividad ganadera bien gestionada, lejos de ser un problema climático, puede ser parte de la solución, siempre que se mantengan y mejoren los pastizales naturales.

Principios del secuestro de carbono en sistemas de pastoreo

El carbono se acumula en el suelo principalmente a través de la descomposición de la materia orgánica procedente de las raíces, las hojas muertas y los excrementos del ganado. En los pastizales bien manejados, las plantas mantienen un sistema radicular denso y profundo que transfiere carbono al suelo de forma continua. Las deyecciones del ganado actúan como abono orgánico, aportando nutrientes y carbono lábil que estimula la actividad de los microorganismos del suelo, responsables de estabilizar la materia orgánica en formas más persistentes.

Para que el balance neto sea favorable, es crucial que la tasa de entrada de carbono supere a la de salida, que se produce por la respiración de las raíces, la descomposición microbiana y, en ocasiones, por la erosión. Las condiciones climáticas de Galicia, con temperaturas suaves y precipitaciones abundantes, favorecen una alta producción primaria de los pastos, lo que representa un potencial muy elevado de fijación de carbono. Sin embargo, este mismo clima también acelera la mineralización de la materia orgánica, por lo que las estrategias de manejo deben estar orientadas a maximizar la acumulación neta.

Factores que determinan la capacidad de almacenamiento de carbono en el suelo

La cantidad de carbono que un pastizal puede secuestrar depende de múltiples factores interrelacionados. Entre los más importantes se encuentran el tipo de suelo, el régimen de precipitaciones, la composición botánica de la pradera y, sobre todo, la forma en que se realiza el pastoreo. Suelos con texturas arcillosas o francas tienden a proteger mejor la materia orgánica frente a la degradación microbiana que los suelos arenosos, algo habitual en determinadas zonas costeras y de interior de Galicia.

Además, el pH y el contenido en ciertos minerales, como el calcio y el hierro, influyen en la formación de complejos organominerales que estabilizan el carbono durante décadas. La diversidad de especies vegetales presentes en los pastos gallegos —con mezclas de gramíneas, leguminosas y otras herbáceas— también juega un papel fundamental, ya que las diferentes plantas aportan restos orgánicos de calidad variada y exploran distintos horizontes del suelo, enriqueciendo la riqueza microbiana que se ha visto en investigaciones recientes.

El papel del pastoreo controlado frente al abandono

Un hallazgo consistente tanto en los estudios de la Sierra de Guadarrama como en trabajos previos sobre pastizales atlánticos es que la retirada del ganado no siempre conduce a un mayor secuestro de carbono. En zonas de alta productividad, el abandono del pastoreo puede provocar una acumulación excesiva de biomasa aérea que, al no ser consumida ni transformada por los herbívoros, incrementa el riesgo de incendios y reduce la tasa de renovación de las raíces subterráneas. El pastoreo moderado, en cambio, estimula el rebrote, el macollaje y la exudación de compuestos carbonados desde las raíces, alimentando así a las comunidades microbianas del suelo.

Los análisis de perfiles fisiológicos a nivel de comunidad microbiana (CLPPs) indican que, bajo pastoreo, los suelos presentan una mayor diversidad funcional de microorganismos capaces de metabolizar distintas fuentes de carbono. Esta diversidad se traduce en una mayor estabilidad del carbono almacenado y en una mejor resiliencia frente a perturbaciones como las sequías o los cambios de temperatura. En el contexto gallego, donde el abandono de tierras agrarias es una amenaza real, mantener una carga ganadera adecuada se convierte en una estrategia de conservación del suelo y del clima.

Estrategias clave para potenciar el secuestro de carbono en la ganadería tradicional gallega

La conversión de una explotación de vacuno de pastoreo en un sumidero neto de carbono no ocurre de forma automática, sino que requiere la adopción de prácticas específicas adaptadas a las condiciones locales. Aprovechando el conocimiento tradicional y los avances científicos, es posible diseñar un itinerario técnico que maximice la captura de carbono sin perder de vista la rentabilidad económica y el bienestar animal. A continuación, se detallan las líneas de actuación más prometedoras.

Estas estrategias se basan en el principio de incrementar las entradas de carbono al sistema, reducir las pérdidas y prolongar el tiempo de residencia del carbono en el suelo. Muchas de ellas coinciden con las recomendaciones para la producción ecológica o agroecológica y son perfectamente asumibles por las pequeñas y medianas explotaciones familiares que caracterizan el rural gallego, como la nuestra.

Manejo rotacional del pastoreo

El pastoreo rotacional o racional consiste en dividir las fincas en parcelas más pequeñas, de modo que el ganado concentre su actividad en una zona durante un periodo corto y luego se desplace a otra, dejando un tiempo de descanso suficiente para la recuperación del pasto. Este método reproduce en parte el comportamiento gregario de los herbívoros salvajes y evita el sobrepastoreo selectivo, que debilita las especies más apetecibles y empobrece la pradera. Al mejorar la cobertura vegetal y la producción de raíces, el secuestro de carbono puede incrementarse de forma notable.

En fincas gallegas como A do Bicho donde se ha implantado el pastoreo en franjas con rebaños de Rubia Gallega, se ha observado un aumento del espesor del horizonte orgánico del suelo en apenas dos o tres años. Gracias al pisoteo moderado y al aporte homogéneo de estiércol, se acelera la incorporación de materia orgánica al suelo y se favorece la actividad de lombrices y otros invertebrados que estructuran el perfil edáfico. Además, el pastoreo rotacional facilita el control natural de parásitos y reduce la necesidad de desparasitantes químicos, evitando efectos adversos sobre la fauna coprófaga y los microorganismos del suelo.

Integración de razas autóctonas y sistemas de cría

Las razas bovinas autóctonas de Galicia poseen una rusticidad y una capacidad de aprovechamiento de forrajes groseros muy superior a la de las razas lecheras o cárnicas mejoradas. La Rubia Gallega, por ejemplo, es capaz de mantener una condición corporal aceptable a base de pasto y matorral durante todo el año, con un mínimo empleo de piensos concentrados. Esta menor dependencia de alimentos externos reduce drásticamente las emisiones indirectas asociadas a la producción y el transporte de cereales y soja, uno de los principales componentes de la huella de carbono del vacuno de carne.

El manejo tradicional en lotes de vacas nodrizas con terneros al pie, donde la lactancia se prolonga varios meses sobre pasto, permite también una mejor fijación de carbono en el territorio. La leche materna, producida a partir de forraje local, sustituye a los piensos de arranque industriales, y los excrementos de las vacas y de los terneros se redistribuyen de forma natural, cerrando así el ciclo de nutrientes. Este modelo de cría extensivo, además de generar un producto final de alta calidad diferenciada, contribuye a mantener una ganadería viva, que fija población en el medio rural y evita el abandono de los prados, uno de los principales riesgos para el carbono almacenado.

Gestión de la fertilidad del suelo y fertilización orgánica

El uso exclusivo de enmiendas orgánicas (estiércol, purín bien compostado o, en su caso, algas recogidas en la costa) en lugar de abonos nitrogenados de síntesis es una práctica imprescindible para mantener e incrementar el carbono orgánico del suelo. Los fertilizantes minerales aceleran la mineralización de la materia orgánica y emiten óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero. Por el contrario, la materia orgánica exógena de origen ganadero, cuando se aplica en dosis y momentos adecuados, aumenta de manera directa el contenido de carbono y estimula la formación de agregados estables.

En los prados de siega y pastoreo típicos de Galicia, una práctica recomendable es el compostaje del estiércol generado durante el invierno, cuando los animales permanecen estabulados, para su aplicación controlada en primavera. De este modo se minimizan las emisiones de metano y amoniaco durante el almacenamiento y se obtiene un producto más equilibrado. Estudios realizados en otras regiones atlánticas europeas han demostrado que la combinación de pastoreo rotacional con aportes de compost puede elevar la tasa de secuestro de carbono hasta 1-1,5 toneladas de CO₂ equivalente por hectárea y año, una cifra muy relevante para compensar parte de las emisiones entéricas.

Agroforestería y silvopastoreo

La presencia de árboles dispersos, setos vivos y bosquetes dentro de los pastizales ofrece múltiples beneficios complementarios para la captura de carbono. Los sistemas silvopastorales, tradicionalmente representados por las carballeiras y soutos con pasto, acumulan carbono tanto en la biomasa leñosa como en el suelo, protegen al ganado del estrés térmico y diversifican los recursos forrajeros con frutos como la bellota o la castaña, reduciendo aún más la necesidad de suplementación externa. Galicia, con su tradición forestal y su parcelario de pequeñas dimensiones, reúne condiciones ideales para extender esta práctica.

Además, las raíces de los árboles exploran capas profundas del suelo, bombeando nutrientes y agua que luego se depositan en superficie con la caída de las hojas, enriqueciendo el horizonte superficial con carbono más estable. La combinación de estrato herbáceo, arbustivo y arbóreo crea un ecosistema complejo donde la biodiversidad microbiana, fúngica y animal alcanza su máxima expresión, incrementando la resiliencia del sistema frente a plagas y fenómenos climáticos extremos. Para el ganadero, estos árboles pueden proporcionar, además, madera o frutos con valor comercial, diversificando las fuentes de renta de la explotación.

Beneficios colaterales: biodiversidad, aguas y salud del suelo

Las mismas prácticas que mejoran el secuestro de carbono generan una cascada de efectos positivos sobre otros servicios ecosistémicos. Los pastizales manejados de forma extensiva albergan una enorme riqueza de invertebrados, aves migratorias y flora amenazada que han desaparecido de los monocultivos y de las tierras abandonadas. En Galicia, numerosas especies de orquídeas y plantas ligadas a los brezales-tojales se mantienen gracias al pastoreo que impide la dominancia de helechos y zarzales, demostrando que la producción de carne puede ser compatible con la conservación de la naturaleza.

La mejora de la estructura del suelo a través del aumento de materia orgánica incrementa la infiltración del agua de lluvia, reduciendo la escorrentía y el riesgo de inundaciones en las cuencas bajas. Esto es especialmente valioso en una Comunidad con una pluviometría elevada y frecuentes episodios torrenciales. Asimismo, un suelo con alto contenido en carbono retiene mejor los nutrientes y filtra los contaminantes, protegiendo la calidad de los acuíferos y de las rías gallegas. De este modo, la ternera de pastoreo no solo se convierte en un producto neutro en carbono, sino en un vehículo para regenerar el territorio.

Métricas y cuantificación del carbono secuestrado

Para que el secuestro de carbono en los pastizales sea reconocido y retribuido, es necesario avanzar en metodologías fiables de cuantificación. Actualmente existen protocolos basados en la medición directa del carbono orgánico del suelo a varias profundidades, así como modelos de simulación que estiman los flujos de carbono en función de las prácticas de manejo. Iniciativas en diversos países europeos están desarrollando certificaciones de “carne carbono-neutral” que las explotaciones gallegas podrían aprovechar para diferenciar su producto en el mercado.

A nivel de explotación, herramientas sencillas como los análisis periódicos de suelo, los inventarios de biomasa herbácea y los registros de cargas ganaderas y movimientos de estiércol permiten estimar tendencias con una precisión suficiente para la toma de decisiones. La incorporación de tecnologías de teledetección y drones está empezando a facilitar la monitorización a escala de parcela, un avance que puede democratizar el acceso a los mercados voluntarios de carbono. La ganadería tradicional gallega, con su finca de pequeño tamaño y su manejo casi artesanal, se presta especialmente bien a una trazabilidad detallada que aporte transparencia y confianza al consumidor.

Desafíos y políticas de apoyo

A pesar de su potencial, la transición hacia un modelo ganadero que priorice el secuestro de carbono tropieza con barreras económicas y normativas. La falta de precios justos para la carne de pastoreo, la escasez de servicios técnicos especializados en agroecología y la escasa visibilidad del carbono secuestrado en las contabilidades nacionales de emisiones desincentivan la adopción de estas prácticas. Para superar estas limitaciones, son necesarias políticas agrarias que premien los servicios ecosistémicos, como los ecoesquemas de la Política Agraria Común o los mercados regionales de créditos de carbono.

En Galicia, la Xunta y los grupos de desarrollo rural podrían impulsar contratos territoriales que vinculen las ayudas a indicadores de salud del suelo y carbono acumulado, fomentando al mismo tiempo el relevo generacional y la incorporación de jóvenes. La creación de marcas colectivas que garanticen el origen y el manejo climático de la ternera de pastoreo libre ayudaría a que los consumidores identifiquen y valoren este producto diferencial, cerrando el círculo desde la explotación hasta la mesa. La combinación de investigación aplicada, formación de ganaderos y apoyo institucional es la clave para que estas estrategias no se queden en un mero catálogo de buenas intenciones.

El pastoreo controlado no solo estabiliza el carbono en el suelo, sino que también moviliza la biodiversidad microbiana que lo protege a largo plazo.

Conclusiones para el ganadero y el consumidor

Para el ganadero tradicional gallego, adoptar estrategias de secuestro de carbono significa mejorar la rentabilidad a medio y largo plazo, reducir la dependencia de insumos externos y posicionar su producto en un nicho de mercado cada vez más demandado. Prácticas como el pastoreo rotacional, el uso exclusivo de abonos orgánicos y el mantenimiento de árboles y setos no requieren grandes inversiones iniciales y se traducen en suelos más fértiles, animales más sanos y un entorno más resiliente. La clave está en medir, registrar y comunicar estos beneficios para que el esfuerzo se vea recompensado.

Desde el lado del consumidor, elegir carne de ternera criada en pastoreo libre bajo sistemas que fomentan la captura de carbono representa un acto de consumo responsable que apoya al medio rural y contribuye activamente a la lucha contra el cambio climático. Conocer el origen del producto y las prácticas de manejo asociadas permite tomar decisiones informadas que, agregadas, pueden redirigir el mercado hacia modelos de producción más sostenibles. La etiqueta, en el futuro, debería reflejar también el balance climático de cada alimento, y los pastizales gallegos tienen mucho que aportar en esa dirección.

Perspectivas técnicas y recomendaciones para profesionales

Desde el punto de vista agronómico, la optimización del secuestro de carbono en pastizales exige un enfoque holístico que integre el manejo del pastoreo, la fertilidad del suelo y la genética animal. Es imprescindible ajustar las cargas ganaderas a la capacidad productiva real de la finca mediante balances forrajeros, así como monitorizar periódicamente la evolución del carbono orgánico del suelo con muestreos georreferenciados. La modelización con herramientas como RothC o DayCent, calibradas para condiciones atlánticas, puede ayudar a predecir escenarios y a demostrar adicionalidad de cara a la certificación en mercados de carbono.

Para los técnicos y planificadores, la integración de la ganadería extensiva en las políticas climáticas regionales pasa por reconocer las particularidades de los sistemas basados en pastos, diferenciándolos claramente de los intensivos en los inventarios de emisiones. La colaboración con centros de investigación y universidades gallegas para desarrollar metodologías de cuantificación adaptadas a las condiciones edafoclimáticas locales es un paso urgente. Solo con datos robustos y protocolos estandarizados se podrá aspirar a que el carbono secuestrado por los pastizales tradicionales sea reconocido como una contribución real a la mitigación climática y sirva de base para instrumentos financieros que hagan viable la permanencia de una actividad milenaria.

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